jueves, 1 de septiembre de 2011

Sueños de verano

Había recibido su llamada. ¿Cuanto tiempo deberia hacer de aquello ya? casi no lo recuerdo, pero lo que jamas podre olvidar es... su voz, suave, harmoniosa, sincera... escucharla era una melodia que solo podrian apreciar los oidos mas exquisitos.

Pero, por fin hoy parecía que iba a ser el gran dia, al menos así lo recordaba, después de tanto tiempo.

Tenía que ir a la estación a buscarla, no quiso darme descripción alguna ni aceptó la mía propia, no hacía falta... el simple cruce de nuestras miradas nos bastaría. Además, no era la primera vez que nos encontrabamos. Claro que... siempre era en sueños... yo siempre le había imaginado... alta, esbelta, bella, cual Venus de Milo, pero con pelo liso y largo...

Estaba nervioso, no sabia como reaccionar, siempre habia idealizado este momento, pero ahora, no era una ilusión, ni mucho menos; era la pura y completa realidad.

Me debí adelantar como una hora a su llegada, pues el tiempo se me hizo interminable, los segundos parecían minutos y los minutos, horas. Me sentaba, me levantaba... no sabría explicar si era el calor, el nerviosismo, la desesperación... pero no podia estarme quieto, necesitaba moverme y no dejaba de mirar el reloj a cada momento. Pero algo me aliviaba y es que... a pesar de todo, cada vez faltaba menos. Eso me tranquilizaba, me hacia sentir bien, pero no conseguía quitarme de encima ese ansia.

Escuché como el interfono anunciaba su llegada.

No era imaginación mía, pues a lo lejos podía reconocer como aparecia el tren. En mi interior podía sentir como ella estaba dentro, tan ansiosa como yo.

Sentí como el corazón me daba un vuelco. Sentía como latía con fuerza en mi pecho, rápido y emocionado.

El tren se había parado, veía bajar y subir la gente, la buscaba con exasperación y no conseguia verla, hasta que, de repente, senti como si alguien me tocara la espalda.

A penas tuve tiempo de girarme, una mujer, me estaba besando... era ella, sí. No sabria describir como, pero de algun modo sabía que era ella.

Era mas bella de lo que había podido llegar a imaginar, de cierto modo, hubiera creído que era mi imaginacion, un efecto de la luz, de los nervios... pero daba la impresion de ser una divinidad...

Por momento creí estar junto a Afrodita. Pero era bien real a pesar de lo que pensara mi mente, podia tocarla, sentirla, incluso aún sentía la suavidad, dulzura de su beso, el roce de sus labios junto los mios cual petalo de rosa.

Estuvimos hablando un rato.

Estaba hipnotizado, anonadado por como hablaba, que decía... era increible que tanta belleza llegara a concentrar tanta sabiduria.

Era joven, pero a la vez... parecía tener la inteligencia y sabiduria de los antiguos sabios de la antigüedad.

Sus ojos me atraían, un verde esmeralda, parecían reclamarme, suplicarme que la besara.

No pude resistirme, me lancé sobre ella.

esandola apasionadamente, con un largo y acaramelado beso.

Notaba como me apretaba contra ella, como era correspondido. Me acariciaba el pelo, el cuello, la espalda... en un alarde de pasión la cogí con mis brazos y la lleve hasta mi habitación, echandola sobre la cama.

Seguimos besandonos, pero en esta ocasion, ibamos desnudandos, lentamente.

Ella llevaba una blusa blanca y una falda negra, no demasiado larga.

Empecé a desabrocharle lentamente la blusa, la cual ya mostraba un generoso escote. Se la quité, dejando a la vista un sujetador de encaje negro.

A su turno, ella me iba quitando la camisa que llevaba, primero dejando a la vista mis abdominales, luego, empezaron a descubrirse mis pectorales, hasta quitarme completamente la camisa, dejando mi torso desnudo.

Le desabroche la falda, empezando a bajarle la cremallera y dejandola caer por sí misma, dejando a la vista un tanga negro de encaje junto a unas piernas esbeltas, finas, suaves como la seda, al igual que toda su piel.

Ella me desabrochaba el pantalon, cayendo por su propio peso, mientras, con gran habilidad, le quitaba el sujetador, dejando a la vista sus firmes y blancos senos.

Terminamos de desnudarnos mutuamente, besandonos lenta pero apasionadamente, dejandonos caer sobre la cama.

Fuí bajando por el cuello, acariciendole los senos con suavidad.

Le besaba, mordía su cuello, fino como el de un cisne, seguía descendiendo, sintiendo como su piel se tensaba, escuchando como su respiracion iba aumentando de ritmo, casi era imperceptible, pero los cambios se podía sentir en su pecho.

Llegué con mi boca hasta sus pechos, empezando a besarlos con delicadeza, lamerlos suavemente, acariciarlos y morder con cuidado los pezones, haciendo que estos se tensaran.

Podía oir como disfrutaba, como se extasiaba.

Después segui descendiendo hasta la parte baja de su abdomen, haciendo creer que me acercaba a su sexo, para volver a subir lentamente, dejandole sentir la friccion de mi barba sobre su estilizada figura.

Volví a ascender rápidamente hasta encontrarme con las finas facciones de su rostro, besandola de nuevo, mientras la acariciaba...

Mis dedos descendieron hasta su coño, notando cuan humedo y caliente estaba, acariciando con delicadeza, dejando que mis dedos fuesen abriendose camino con delicadeza, para ir masturbandola con suavidad y a medida que su excitación aumentaba, con mayor rápidez y violencia.

Cuando empecé a escuchar sus primeros gemidos de placer, fuí frenando el ritmo, dejando que disfrutara del extasis del momento y terminar sacando los dedos, no sin antes acariciar con suavidad su clitoris.

Acabé postrandome sobre ella, mirandola directamente a los ojos, perdiendome en el bosque verde que tenía como ojos y el fuego que era su melena.

Dejandome llevar por los instintos, mi miembro inhiesto empezó a penetrar lentamente, saboreando el momento a cada segundo, extasiandonos, fusionandonos en un mismo ser.

Poco a poco iba acelerando el ritmo, mientras nuestra respiracion se aceleraba, ella se agarraba a mi espalda, a mis nalgas, apretando con sanya, aranyandome, transmitiendome su placer.

Me acercaba a su oreja, asi que ella pudiese escuchar mi excitada respiración, morderle suavemente la oreja, mientras le susurraba en el oido palabras de amor sincero.

La pasión iba en aumento, las delicadezas y sutilezas se iban pasando por alto a medida que iba pasando el tiempo.

Los muelles vibraban bajo los cuerpos de los enamorados, gémidos de dolor y placer se escuchaban de la boca de ambos, viendose la espalda de él, marcada por los orgamos de ella. Él, lanzando improperios e insultos, embistiendola con más fuerza cada vez.

Pasamos horas asi, llegando al placer y extasis extremo varias veces, sintiendo el calor de nuestro cuerpo, el sudor que bañaba nuestra piel, con la sensación de que nuestras almas y corazones se fusionaban en uno mismo, hasta caer ambos rendidos de cansancio y placer, seguíamos besandonos, abrazados, hasta que finalmente nos durmimos uno junto al otro.

Por fin, al día siguiente, despertaba con la sensación que todo había sido un sueño, pero mi sorpresa fue despertame sin nadie a mi lado, pero aun así, desnudo.

Mi brazo buscó desesperadamente alguna muestra de ella, pero solo estaba el vacío dejado en el lugar que ella ocupaba.

Me alcé de la cama buscando alguna evidencia, alguna prenda.

No había nada.

No había prueba alguna de que lo ocurrido hubiese sido real, más que una pulsera de plata que parecía haberse olvidado en algún descuido, la cual reconocí como suya al instante, pues en ella, estaba grabado su nombre...

Raquel

6 comentarios:

Ikana dijo...

Leer apasionadamente y quedarse con una cara de poker face al final es la impresion que me ha dado :P

Buen relato ;)

Azatoth dijo...

Me gusta verlo como una oda a los amores platonicos ^^U

Wilhemina dijo...

Muy a lo Matrix :P Me ha gustado el relato, Sr. Azatoth ^^

Alien de Andromeda dijo...

Excitante y con un final que te deja como si un cubito de hielo bajara por tu columna vertebral :)

Mina dijo...

Pasión extrema que caracteriza estas letras tan tuyas..
Me encanta.

Besos

Sergio dijo...

Descuida. Sí sucedió.