El tostador amaba a la tostada. Porque se pasaba el día tostándola, obviamente. Así que un día decidieron fugarse juntos.
-¡Esperad, quiero desayunar! -gritó el amo, contemplando atónito como se fugaba el tostador con la tostada.
Luego despertó del coma.
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lunes, 21 de julio de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
Anaranjado
Le gustaba mucho el color naranja. Prácticamente no podía vivir sin él y, al final, vivía solo para él. Vestía ropa naranja, se tiñó el pelo anaranjado, comía solo cosas de su color favorito... su pareja le terminó dejando el día que se despertó por el cosquilleo de la brocha en su piel, tirante por la pintura. Gastó una fortuna y media para pintar cada rincón de su casa naranja. El mismo acabó así... por fuera. Un día, murió intoxicado por beberse un litro de pintura naranja. Quería haber pintado sus tripas de tan adorado y alegre color.
miércoles, 23 de enero de 2013
Ocho patas. Ocho cervezas.
Era un pulpo y eso lo tenía más que asumido. Tenía ocho patas. Eso también lo tenía más que asumido. Lo que no tenía tan asumido era que cada pata tuviera que tener un vaso de cerveza. No uno. Ocho. Porque si solo había uno las patas se peleaban y no cataba la cerveza.
Ocho patas. Ocho vasos. Una borrachera. Deberían ser ocho borracheras, pensó alegremente el pulpo mientras lo conducían fuera del agua. Siete patas. Seis patas. Cinco patas. Cuatro patas. Tres patas. Dos patas. Una pata. ¡Pulpo a la marinera!
Y por eso los pulpos dejaron de beber cerveza... y de relacionarse con desconsiderados humanos.
Ocho patas. Ocho vasos. Una borrachera. Deberían ser ocho borracheras, pensó alegremente el pulpo mientras lo conducían fuera del agua. Siete patas. Seis patas. Cinco patas. Cuatro patas. Tres patas. Dos patas. Una pata. ¡Pulpo a la marinera!
Y por eso los pulpos dejaron de beber cerveza... y de relacionarse con desconsiderados humanos.
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