miércoles, 10 de abril de 2013

La tragedia del chiste bacteriano

Era alguien al que le gustaban mucho los chistes. Quizá demasiado. Hacía chistes con todo, ya fueran buenos, malos, racistas, machistas... daba igual, lo importante para él era eso: hacer un chiste. Por eso, un día de entre semana sus amigos (y, sobre todo, su novia) se reunieron con él, con Crispín, para decirle lo mucho que odiaban sus chistes, pero con otras palabras:
-¡No podemos tomarte en serio! -dijo uno.
Su novia dio un paso al frente y soltó lo que todos pensaban.
-Tus chistes son malos, a veces suenan forzados y no sabemos qué hacer con ellos. Estoy harta de oír esas gracietas que haces y si no lo dejas, me iré. Así que decide: o tus chistes o yo.

Por supuesto, Crispín eligió a su novia y dejó de hacer chistes. Al principio a todos les costó acostumbrarse a que no dijera ni uno. Mejoró en su trabajo y su jefe dejó de pensar en despedir al payaso de los empleados. Incluso, logró ascender. Todo iba muy bien en unas pocas semanas. ¿No es genial?

Sin embargo, todo se precipitó un día que su jefe se reunió con él en su gran despacho y le dijo que tenía una tarea especial para Crispín. Una reunión muy importante para la empresa pues eso abriría sus frentes comerciales, expandiendo el negocio y ganando con ello más dinero. Crispín lo tradujo como un posible ascenso y aceptó el recado, que era bastante sencillo: debía reunirse con un grupo de altos cargos ejecutivos de Ovilon Seis y mostrarles las ventajas de su empresa y por qué era una buena idea invertir en ellos.
La noche anterior a la importante reunión, se lo contó a su novia, muy ilusionado.
-No hagas chistes -comentó ella, como quien no quiere la cosa-. Si lo haces, lo fastidiarás todo. Son gente importante, quieren oír lo que tienes que decir, no tus gracias.
La sonrisa de Crispín se borró de golpe, asintió, no olvidando su promesa y se metió en la cama temprano.

La reunión, entonces, empezó. Todo parecía ir bastante bien... hasta que uno de ellos, Reog'de, le ofreció un triángulo de lo que parecía ser queso moteado con moho. Queso azul de otro mundo. Para no ofender a aquella gente tan importante para su jefe, lo cató. Y le gustó. A partir de hay las cosas fueron un poco más relajadas. Los invitados estaban menos serios y él no tenía problemas con la presentación. En una de las paradas para no sobrecargarlos, por poco se le cae el triángulo de queso.
-¡Uf, por los pelos! -exclamó, con una sonrisa.
Y ellos se echaron a reír. Se rieron como si fuera lo más gracioso del mundo. Es más, como si fuera un chiste.
-¿Qué dije? -preguntó, algo incómodo.
-Precisamente el moho es una bacteria peluda -explicó uno de ellos, sin dejar de reír.
-¡Buen chiste, muchacho, buen chiste! -rió otro.
Crispín se limitó a sonreír. Ni que decir tiene que logró aquellos clientes.

Pero él no se sentía bien consigo mismo. No, no. Había hecho un chiste. Aquello estaba mal. Muy mal. Llegó a casa con el rostro lívido. Su novia no estaba. Subió las escaleras hasta el dormitorio, cogió una sábana, la anudó a la barandilla y el otro extremo a su cuello. Se aseguró de dejar un mensaje en el espejo del baño y saltó. Se batió al principio, puro instinto de supervivencia, pero se dejó morir. Quedó colgado y balanceado como una piñata, triste, apagado y, por supuesto, sin vida.

Morir es como dormir, pero sin levantarte a hacer pis, decía el espejo.

La frase del espejo es una cita de Woody Allen.

7 comentarios:

Mir dijo...

Lo describiría el 3 palabras:
Gore, gracioso y triste.
Pero Crispín me caía bien :(

escarcha dijo...

Se fue con un chiste!!!!!!!!!
:-D

GRAN TEXTO IKANA!!!!!
SALUDOS!!!!!!!

Wilhemina dijo...

Menudo extremista xDD

Trinity dijo...

No he pillado el chiste ni de lejos .__. Pobre Crispín, menudo drama

Frauenwelt dijo...

No debería haberse comprometido tanto

Alien de Andromeda dijo...

No todos los días tienes una novia sosa...

Nimy dijo...

No se puede hacer feliz a todo el mundo